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 Asunto: [Trasfondo] Bandas de 1_Epsilon_1 - Elfos Oscuros [08/02/15]
NotaPublicado: 08 Sep 2014, 09:13 
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Heraldo Avatars of War
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NOTA: Si véis alguna falta ortográfica, algo sin sentido y ese tipo de cosas, comentádmelo, para corregirlo :rolleyes:

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Voy a crear un trasfondo para cada una de mis bandas. Es algo que me gusta que tengan, y creo que hay muchas posibilidades.

Hay dos personajes cuyo nombre ya existe. Les he querido mantener el nombre porque digamos que son dos personajes que me gustan muchísimo. Vamos allá :)

ELFOS OSCUROS :darkelf:
Oculto
Aeneris, Princesa de los Elfos Oscuros.

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Aeneris es una princesa Elfa Oscura de alta cuna de la Isla del destierro. Durante su infancia, sintió pasión por los combates, demostrando su gran agilidad y habilidad con las espadas. Durante su adolescencia, justo antes de alcanzar la mayoría de edad, su padre cayó en combate. Debido a ello sufrió un gran bajón moral, pues fue quien le había enseñado todas las técnicas que conocía con la espada.
Durante las siguientes semanas, se sintió abandonada. Eso sumado al secuestro - y posterior muerte - de su hermano dejó a la familia vulnerable, debilidad que aprovechó su tía envenenando a su hermana, y tomando el poder. Sin embargo, Aeneris estaba a punto de ser coronada, algo que no podía permitir. Con sus artimañas, compró las voces del pueblo Elfo Oscuro, y acusó a Aeneris de ser quien envenenó a su madre, para poder alcanzar el poder al momento.
Aeneris no tenía a nadie, y su tía siempre había sido recelosa - no solo por su destino, sino por la belleza que Aeneris tenía, y que su tía nunca había llegado - ni llegaría - a alcanzar.
Su tía no quería dar una visión al pueblo de tiranía, por lo que dio la opcion de vivir a la princesa: si huía de la Isla del Destierro, viviría, pero si regresaba sería ejecutada. Aeneris no tuvo más remedio que aceptar, tomando las espadas de su padre. Y caminando, abandonó el que había sido su hogar.
Durante las siguientes semanas, el reino de su madre cambió: los generales del ejército fueron ejecutados, acusados de traición. Alguno consiguió huir, padeciendo un nuevo destierro al de siglos atrás. La tía de Aeneris, para evitar problemas futuros, ordenó a una joven asesina, de la orden de las Acechantes Negras, acabar con la princesa desterrada. De esta forma, todos los cabos serían atados, y no habría nadie que pudiera acabar con su reinado...

Aeneris llegó a tierra firme meses después, como polizón de un barco de comercio. Al llegar vagó por diferentes pueblos, adentrándose en tierras para ella desconocidas, hasta que, en un momento, cayó al suelo, sin energía, a los ojos de Khorvas.

Un carromato, por fortuna o por desgracia, pasó cerca. Recogieron el cuerpo de Aeneris al ver que estaba vivo, dándole algo de agua...

Los rasgos parecían de una Elfa... perfecta para sus sádicos juegos... en la arena.

A los pocos días, llegaron a una pequeña región. Aeneris no tenía fuerzas para nada, lo había perdido todo. ¿Todo? No. Su vida seguía siendo suya. Poco a poco fue recobrando el ánimo, pero era un ánimo oscuro. No era feliz, y poco a poco su alma se volvió oscura debido a la ira y sed de venganza que le inundaba. Sin embargo, como esclava, no podía hacer nada ahora, sólo entrenar. Sus primeros combates fueron contra bestias e hinchas muy valientes - y estúpidos. Su reputación creció, y poco a poco se fue enfrentando a guerreros más preparados.
Aun así, no era libre. Hasta ahora, el que había sido su amo le había tratado bien... hasta que decidió venderla. Su raza había esclavizado tiempo atrás a otra... ahora sabía como se sentían. La empatía volvió a dar luz a su alma. Quizás no sólo no había perdido su vida, sino que ahora había descubierto un motivo por el que luchar. En aquel momento de la venta, degolló al comprador, y atravesó con un punzón el estómago de su amo. Mientras miraba, arrebató la daga del cinturón de su amo, y se arrancó la marca que le hacía ser esclava. Ahora era libre, pero al ser conocida, no podía permanecer en aquella ciudad, por lo que cogió su equipo y se marchó.

Un mes después se iniciaba un torneo en la arena dn la capital de la región. Cualquier combatiente preparado podía participar, y la suma de dinero le daría para hospedarse allí un tiempo. Se realizaron ocho rondas de cuatro guerreros. De esos guerreros, los dos supervivientes de cada ronda pasarían a la siguiente fase.
El primer combate fue contra una especie de mercenario, un goblin y un enano. Mientras el pielverde y el enano se pegaban, Aeneris acabó con la vida del mercenario. A continuación, mediante una estocada, acabó con los otros dos. No había piedad.
En otros dos combates sucedió algo parecido. Quedaban nueve guerreros guerreros.

En la siguiente ronda se enfrentó a una especie de bárbaro, y un orco. La agilidad de Aeneris era superior, y mediante filigranas consiguió arrebatarles la vida, sin mucho problema. Su estilo era perfecto y definido, el de sus rivales no.

En la última ronda, se enfrentó a otra Elfa Oscura y a un guerrero con una brillante armadura. Éste último fue a por la elfa misteriosa, corriendo con su escudo. La fémina sonrió y lanzó un frasco contra él que se quedó inmovil al momento. A continuación introdujo su mano por la zona de la goguera que, cerrándola, hizo que el caballero cayera inmóvil, muerto, al suelo. El combate iba a ser interesante...

Ambos combatientes se acercaron al centro de la arena, bajo el silencio y la espectación del público. Antes de darse cuenta, la rival de Aeneris estaba encima, pero ésta reaccionó, y comenzó un duro combate entre las elfas. Cuatro espadas chocaban, pero ninguna llegaba a herirse. Hasta que, de un salto, la rival dio una voltereta, golpeando a Aeneris en la cara, pero antes del golpe de gracia, Aeneris situó la espada en la garganta de su rival...

- Tu no estás aquí por el premio... - dijo Aeneris.
- Mi premio es tu sangre... - contestó la misteriosa elfa.
- ¿Quién te envía?
- Aquella a la que le arrebataste su familia.
- ¿Mi tía? Yo no maté a nadie. ¿Y de qué me servía el poder? Yo no quería gobernar, sino ser como mi padre, un guerrero.
- Pero... - dudó la elfa.
- El mayor fallo de mi tía era el no conocerme, siempre nos dio la espalda, a mi madre, mi padre, mi hermano y a mi. Y ese fallo también es tuyo... Ahora lo pagarás.
- Espera. Si todo esto es cierto, tu tía fue la traidora... de ahí que me ordene matarte.

Aeneris se mantuvo firme, y contestó.
- Como asesina nunca os interesáis por quién es vuestra víctima, sólo seguís órdenes... Ahora te rendirás, perdonándote así la vida. Regresarás a la Isla del Destierro, e informarás de mi muerte. Luego regresarás. Si no, te daré muerte.
- Sí, mi reina.

Aeneris retiró su espada, y la Acechante Negra dejó caer sus armas, indicando señal de rendición. El público apreció la muestra de piedad de Aeneris, aunque parte se enfadó. A continuación abandonaron la Arena.

- Por cierto, no me has dicho tu nombre... - comentó Aeneris.
- Soy Vidialeth, la Sombra de Loryanna, y tu servidora, mi reina.



Irileth, la Nigromante

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Tras la muerte de la Madre de Aeneris, los círculos cercanos a la familia tuvieron dos opciones, o huir y ser perseguidos o morir. Irileth por aquel entonces era la mentora de Aeneris en aspectos de magia y cultura. Una elfa joven, pero muy hábil con la magia, destacando en la conjuración.
Cuando Aeneris fue desterrada, Irileth fue obligada a quedarse. Fue una de las exceptionces que la nueva reina puso. Necesitaba a alguien que dominara la magia para aprender. Sin embargo, algo que Aeneris compartía de su madre y su tía es que no poseía habilidades mágicas. Rara vez ocurría, y en éste caso fue así. Irileth vivió recluida, meditando su futuro,, su posible huida, su libertad. Durante meses aprendió técnicas de magia prohibidas, como la nigromancia, aunque no solía utilizarla. Las voces resonaban por los pasillos del palacio, y el pueblo comenzó a tener miedo, y la reina estaba entre ellos...
Llegó el momento en que itentó atentar contra la reina, pero la capa de piel de Hydra de la reina protegió del impacto del relámpago dirigido a la tirana.

Al momento, fue apresada, y la reina dictó sentencia. Sin embargo no iba a ser una ejecución rápida, sino como a la gente le gustaba: en la Arena. Aunque no lo parezca, Irileth se defendió muy bien ante sus rivales, pero fue golpeada por la piedra de uno de los hinchas, dejándola inconsciente. En ese momento, ante la espectación de todos, su cuerpo desapareció. Desde entonces nadie supo de ella, sólo que la arena había absorbido su alma, pero que Irileth seguía allí, habiendo engañado a la muerte, ganándose el título de "La Nigromante", y que volvería de entre los muertos para reclamar su venganza.
La arena de la región se consideró maldita desde ese momento, y la sangre no ha vuelto a correr en ella.



Vidialeth, la Sombra de Loryanna

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Tras el destierro de Aeneris, Vidialeth recibió la orden de acabar con su vida. Como Acechante Negra, nunca preguntaba, sólo mataba y recibía su recompensa. Vidialeth era la Acechante Negra más joven de su orden de asesinas, y quizás la más habilidosa y letal. Nadie había conseguido derrotarla, hasta ahora. Aeneris supo plantarle cara, y tras ser derrotada, aprendió una lección vital para su vida: lealtad, honor. La orden había sido corrompida. Había que limpiarla, y Vidialeth, desde entonces, actuó de manera independiente.
Durante la ejecución de la Gran Hechicera de las Sombras en la Arena, Vidialeth presenció cómo su cuerpo desaparecía. Alguien debía estar detrás de ello, y se dispuso a investigar. Mientras los hinchas gritaban y abucheaban por no haber habido derramamiento de sangre, Vidialeth saltó a la Arena, y aprovechando que había zonas de sombra, se camufló, invisible a los ojos de la gente rabiosa, que miraba y pedía explicaciones a la organización. Vidialeth se adentró en la parte interna de la arena, donde los gladiadores se preparaban. Se oían las gotas de agua filtradas caer contra el suelo. Vidialeth no se movió, permaneció oculta y en silencio.
Minutos más tarde, oyó un susurro que venía desde el suelo. Movió la paja del suelo con el pie y vio una especie de trampilla, pero del mismo tono que el suelo. Al agarrarlo, un chispazo recorrió su mano. Magia... Clavó su espada en uno de los bordes y, haciendo palanca, levantó la trampilla. Siguió un pasillo iluminado por velas. Debía haberse construido como salida de emergencia en caso de derrumbamiento o similar... Los susurros aumentaron, ahora acompañados de gemidos. Se empezó a apreciar una luz rojiza al fondo. Vidialeth se acercó sigilosamente, y allí estaba. Irileth. No había muerto, sólo había desaparecido... Pero alguien más estaba allí...


Edinne, Abrazo de Némesis

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Se oyeron pasos no le quedaban demasiadas fuerzas. El sacrificio había sido muy alto, tanto físico como mental, pero aún podía extraer el poder de su interior, como su maestra le había enseñado años atrás, aunque no pudiera protegerla ahora...

Alguien entró en la sala. No hacía ruido, era la sombra del mismísimo Khorvas, bañada en sangre... Se quedó quieto, y una daga se puso en su cuello. Paciencia, calma y concentración. Sabía que estaba allí, pero no sabía dónde. Enfundó su arma y se acercó al cuerpo tendido. Le tomó el pulso y puso la mano sobre su cuello. No iba a permitir que acabara con su vida, así que Edinner reaccionó, salío de su estado de invisibilidad y con su vara de Hydra se dispuso a lanzar un hechizo de parálisis, pero no fue lo suficiente rápida: el ser misterioso había desarmado a la hechicera en un abrir y cerrar de ojos, dejando su arma rozando su cuello.
- ¿Por qué la has salvado?
- Es mi mentora, y este reino está perdido. Simplemente queremos huir. Desde el destierro de Aeneris, y su segura muerte, todo ha ido a peor. No hay esperanza.
- Si la hay.
- ¿Quién eres?
- Vidialeth, una Acechante Negra.
- ¿Quién te envía? ¿Vienes a matarnos?
- Nadie, pero si queréis vivir, venid conmigo. Esta noche zarpará un barco, después aumentará la vigilancia por seguridad, no habrá otra oportunidad.
- Pero no te conocemos de nada... ¿qué nos asegurará salir con vida?
- Mi oferta está realizada. A media noche zarpará el barco.

De repente, hizo un giro y se apagaron las velas. Tras encenderlas con magia, había desaparecido...


Sharkar, el Capitán Corsario

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- ¿Y cuál de todos estos barcos es? - dijo Irileth.
- No lo sé, maestra. Supongo que aquel... es el que está más activo - respondió Edinne.
- No se si esto es muy seguro. Prepárate para lo peor...
- Ey, vosotras dos. ¿Qué buscáis? Esta es una zona peligrosa de noche...
- Me parece que aquí el que peligra eres tú... - dijo Irileth.
- Intentad acabar conmigo. No sigo las leyes de los Elfos, voy por libre.
- Será un placer - contestaron al unisono las dos hechiceras.

Entonces, justo antes de golpear con un veloz movimiento al misterioso hombre, una espada detuvo el golpe.

- Jeje... así que estas dos son aquellas de las que me hablaste, ¿no, Vidialeth? - dijo el hombre.
<< Imbecil orgulloso... te acabo de salvar la vida... >> - pensó la Acechante Negra -, sí, son ellas. Bajad las armas, por favor. Éste es...
- Sharkar, capitán de aquel barco de allí, y vuestro "pase de salida" de ésta isla de mierda.
- Esta isla ha sido nuestro hogar desde que...
- Sí, y ahora estáis desterradas, si no me equivoco. Dad gracias que no estuvisteis en las últimas guerras... El mar te hace ver las cosas con claridad. Cuando murió nuestro comandante, el rey, ¿quién creeis que lideró a las tropas al borde de la retirada en mitad de la tormenta? ¿Quién les trajo con vida? Y al final... tras nuestro regreso... la Reina es asesinada y ponen a mi cabeza un precio. ¿Y qué hacen los dioses? Nada.
- Sharkar - le cortó Vidialeth -, cálmate. Aunque no lo parezca, todos estamos en la misma situación. Pero hay esperanza. No te he contado nada aún, hasta que embarquemos y nos alejemos. Puede que aún haya esperanza...

Sharkar miró a los Ojos verdes de la Acechante Negra, la belleza de las Elfas Oscuras era sorprendente, hipnotizaba a cualquiera, pero Vidialeth especialmente, era jovial, hermosa... esa era su mejor arma... Incluso Sharkar, tan duro e independiente, sucumbía ante la mirada...

- Sí, Vidialeth. Adelante, bienvenidas a mi hogar...

Y se adentraron en el Arca de Guerra, bien camuflada con cuerdas, redes y telas. Durante varias semanas ese iba a ser su hogar...



Leodoloth, la Flecha de Némesis

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Aeneris se adentró en el Bosque, sigilosa, en busca de alguna presa que cazar. Se oían a las aves, y si se prestaba atención, a las rocas romper contra el acantilado.

La suave brisa marina se mezclaba con el aroma silvestre del bosque. El aroma era tan dulce que nublaba los sentidos... y en Saga eso podía suponer la muerte.

Aeneris divisó su presa. Un Venado solitario, vigilando la zona... Era la oportunidad perfecta: una pieza para vender pieles, la cornamenta, y carne suficiente para comer y obtener monedas. Pero una sola oportunidad. De repente, gracias a los grandes reflejos de la princesa, oyó una flecha dirigiéndose a su presa, y con un suave movimiento de muñeca la desvió. El ruido del desvío llamó la atención del animal, que detectó el brillo de la espada. Aeneris no podía perder más tiempo, pero el Venado comenzó a correr, y ella detrás. Las flechas caían detrás de ella, ¿quién era el objetivo? El Venado llegó a una pared de rocas, sintiéndose atrapado, intentó cornear a Aeneris. Sin duda alguna, una bestia atrapada es más peligrosa que si está libre...

Justo antes de sufrir la embestida, Aeneris saltó dando una voltereta hacia atrás. La agilidad de los Elfos Oscuros era sorprendente, y más si éstos habían sido entrenados para ello. En el aire, estando boca a bajo, Aeneris cogió con la mano la flecha dirigida hacia ella - o el venado -, cayendo sobre el animal, que alterado comenzó a saltar intentando deshacerse de su jinete. Pero poco duró el juego, pues Aeneris utilizó la Flecha para perforar la yugular del animal, que cayó al suelo, derribando a Aeneris. Ésta se levantó, aturdida, pero tenía a un arquero apuntándole a la cabeza...

- Has sido la primera en conseguir desviar mis flechas... has sido la primera en quitarme una presa... ¿Quién eres?
- ¿Y eso qué importa?
- No estás en posición de exigir nada.

Aeneris sonrió, y mediante un giro sobre su espalda derribó al arquero, que no supo reaccionar, y cayó al suelo, ante la princesa. Las tornas habían cambiado...

- Soy Aeneris, princesa de la Isla del Destierro... o al menos lo era.
- Mas yo soy tu servidor y protector, pues has sido la primera en derrotarme. Oí lo sucedido hace unos meses...
- ¿Y qué hace un Elfo Oscuro por aquí? - dijo la princesa, pientras le ayudaba a levantarse.
- Soy mercenario, cazo... He ido por libre durante varios años, fuera de aquella isla. Tras la Guerra de la Bahía Azul, mi pueblo fue literalmente destruido, y mi familia murió. Llegué como polizón aquí, y pese a que los primeros años fueron duros, un cazador me adoptó. Fue mi mentor en todo lo que se, aprendí a disparar el arco, a cazar... Lo único que tengo de mi pasado es la armadura de mi padre, y la precisión de mi madre... el resto se desvaneció con el tiempo... ¿Y vos, princesa?
- Lucho por limpiar mi nombre y mi pueblo, corruptos por la mano de mi tía... El resto... ya los sabes.
- Pues si no es molestia, ayudaré. Mi mentor murió hace años, ya no tengo nada que me ate a este lugar - dijo el Elfo Oscuro.
- Bienvenido, eh...
- Leodoloth, - sonrió.
- Bienvenido Leodoloth.

Ambos llevaron la pieza a la casa de Leodoloth, comieron y la prepararon para el comercio. Al día siguiente llevaron la pieza al pueblo, a pocos kilómetros de allí, y la vendieron. Se hospedaron un par de días en la posada del lugar, hasta que Vidialeth, Sharkar, Irileth y Edinne llegaron. El grupo estaba listo... Aeneris podría recuperar su honor y liberar a su pueblo, y por primera vez desde la muerte de su madre, no estaba sola. Y llenos de esperanza, marcharon.


Aradel, la Concubina de Némesis

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Aeneris se acercó al diezmado grupo de Vestales, buscando a su líder. Una incursión por parte de los seguidores de Cael había acabado con uno de los príncipes Elfos Oscuros que lideraban a las tropas al norte de Saga, junto con el noventa por ciento de su ejército. Aradel salió con el látigo alrededor del cuello. Su cuerpo desnudo y bañado en sangre debido a la anterior batalla brillaba ante la luz del sol, y aunque la sangre de los hijos de Cael no tenía muy buen aroma, la fragancia que la guerrera desprendía nublaba los sentidos de aquellos que se acercaban a ella... al menos de los hombres.

Aradel preguntó retando, pero con curiosidad, que quién era ella para solicitar su presencia. Aeneris mantuvo la calma ante aquel duelo. No quería enemistarse con todos los de su raza, sino fundar su ejército para plantar cara a su tía, y recuperar su reino. Tras presentarse, explicó a la Concubina la historia de lo sucedido. La joven elfa se quedaba en silencio, pensando. Era curioso, la batalla en la que acababan de luchar era un tanto ilógica. Obviamente no podían rechazar una orden de un superior, pero por lo visto la batalla era un suicidio casi seguro... Un ataque desde la parte inferior del valle hacia ambas laderas del mismo... Pero el príncipe, líder del ejército, no podía rechazar aquella orden... de la reina. Curioso, la reina ya no era la misma... y el acabar con los generales desleales era la forma de controlar todo sin oposición.

Sin dudarlo, Aradel se ofreció en seguir, junto con el resto del diezmado ejército, a la princesa Aeneris. Todo estaba descontrolado, y alguien tenía que pararlo... Pero Aeneris carecía de recursos, y aún requería la ayuda de más guerreros. Aradel entonces propuso una idea. Regresaría a la Isla del Destierro y conseguiría que guerreros de confianza se unieran a la empresa de Aeneris, pues su nombre era conocido en todo el ejército, y pocos Elfos se resistían a la belleza de Aradel: una mirada suya hacía mover montañas. Aeneris agradeció su ayuda, con una condición: nadie debía morir, bajo ninguna circunstancia.

Poco después, ordenó a Sharkar que dispusiera el barco para la tarea. Tras disfrazarse de marineros, partieron hacia su hogar, ahora corrompido por el poder de la falsa reina.

Durante tres días, Aradel estuvo en su misión convocando guerreros. Poco a poco iban llegando al barco, hasta alcanzar un número considerable de tropas. No sería un mal comienzo. Sin embargo, al final del último día, la Concubina fue apresada, llevándola cara a cara con la reina, quien al verse traicionada, ordenó su ejecución... en la Arena. Recientemente la captura de esclavos Saurios estaba haciendo los espectáculos más sangrientos y divertidos. ¿Qué mejor que enfrentar a la joven Elfa con una de las bestias más temidas de la isla?

Aeneris supo de lo sucedido, y bajo un hechizo, entro en la Arena disfrazada de mercader de esclavos. Su habilidad de elocuencia hizo que llegara junto a los nobles del reino, entre ellos la Reina, su tía, escoltada por sus mejores guerreros Elfo Oscuro. Aunque le costaba contenerse, conseguía disimular, realizando alguna que otra apuesta con los nobles. Entonces, se anunció el combate de Aradel. Todos apostaban a favor del Saurio, que estaba invícto desde hacía nueve combates consecutivos. Aeneris entonces apostó a favor de la guerrera. Todos se reían de la mercader: se iba a quedar sin dinero para comprar esclavos... Pero la princesa conocía mejor que todos ellos ese mundillo: era un Avatar de la Guerra. Entonces soltó su apuesta:
- "Si la Guerrera desnuda vence sin matar al rival, ambos guerreros pasarán a ser mis esclavos, a parte del oro apostado. En caso contrario... "

Entonces la reina habló:
- "En caso contrario, tú lucharás contra aquel que mate a su rival".

Aeneris confiaba en la Concubina. Aún era joven, pero sus ágiles movimientos significaban la muerte para sus enemigos. Con un poco de suerte, no tendría problemas para neutralizar a su rival...

Entonces, el combate empezó.


Itzel "Cazacabezas", el Mutilador Saurio

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El origen de Itzel es desconocido para aquellos que le rodean, pues sólo se sabe que su origen es de una tribu de Saurios. Durante su infancia, siempre era una criatura ansiosa por explorar, sin embargo, estaba predestinado a la veneración de la bóveda celeste.

Un día, Itzel cogió su equipo y una reliquia: el hacha de su clan, y salió de su tribu. Sabía que si no regresaba pronto con la reliquia, sería desterrado. Pero mas valía una vida breve y libre que una larga bajo unas ataduras impuestas. Recorrió tierras, ríos y mares. Su instinto de supervivencia y caza le ayudó en su viaje. Descubrió nuevas criaturas y venenos, exploró y aprendió profesiones. Tiempo después regresó, pero todo estaba destruido. Mientras intentaba descubrir qué le sucedió, fue apresado y torturado.

Su pueblo había caído. La desmotivación y el pesimismo se apoderaron de él. Después se llenó de odio e ira hacia los Elfos Oscuros... la venganza era su motivación. Fue liberado en una arena, como una bestia salvaje. Por fortuna, tenía el hacha y el escudo con el que partió tiempo atrás. Por lo visto, querían darle emoción al combate.

Se enfrentó a diversos luchadores, acabando con todos ellos. Sufrió algunas heridas, pero su regeneración siempre cobraba protagonismo. Poco a poco se hacía más fuerte, hasta ser casi imparable. Finalmente llegó una última luchadora. Una Elfa... Oscura. ¿Por qué? ¿Qué motivaba a una raza a sacrificar ahora a los suyos? La elfa era muy ágil y precisa. Apenas podía rozarla. La elfa subió al lomo del Saurio, y con su látigo le ahogó, hasta perder el conocimiento. El público pedía la muerte del reptiliano, pero al parecer, alguien solicitó lo contrario, perdonándole la vida. Horas después el Saurio despertó. Estaba en una habitación de madera... y se balanceaba mucho. La criatura se alzó y abrió la puerta. Subió unas escaleras y vio que no había salida: todo era agua. Navegaba en un barco, con rumbo desconocido. La tripulación era variada, pero lo que le empezó a enfurecer fue la presencia de algunos Elfos Oscuros. Entonces vio a aquella que le había derrotado. No tenía armas, pero conservaba sus garras y dientes, y se preparó para saltar, cuando una voz le dijo que se detuviera.

Entonces se giró, y vio a un grupo de Elfos Oscuros, liderados por una apuesta elfa pelirroja. Su nombre era Aeneris. Había pagado a algunos de sus seguidores para que liberaran a Itzel. Sabía que el enemigo de su enemigo era su amigo, y podría ayudarle en la tarea de recuperar su reino, y a la par, liberar a, pueblo de Itzel de la esclavitud impuesta por su tía. Tras meditarlo varios días, Itzel aceptó las condiciones. Sabía que esta era la única posibilidad de volver a su hogar, y recuperarlo, pese a que aquellos a los que iba a ayudar eran sus enemigos.

El camino de regreso a Saga era largo, pero por ahora, era seguro.


Elenia, Reina Naga

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Avatares de la Guerra.

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- Se dice que hay varios guerreros que combaten en las arenas de Saga en busca de un poder superior... -, dijo Leodoloth.
- ¿Qué poder? -, preguntó Aeneris.
- El poder de los dioses -. respondió el arquero.
- Puede que nos sea útil para acabar con mi tía -, dijo Aeneris -. Irileth, ¿sabes cómo conseguirlo?
- Sí. Todos vosotros, aunque no lo parezca, tenéis ese poder. Siempre habéis desarrollado fácilmente habilidades para el combate, ya sea combatiendo, disparando, o por la magia, como Edinne, por eso te elegí como aprendiz. Aeneris, tu madre tenía el mismo poder que tu, y tu tía también. Su objetivo no sólo era gobernar... sino aumentar su poder. De alguna manera supo que Vidialeth tenía ese poder. Si acababa con Aeneris, lo absorbería, y a tu regreso intentaría acabar contigo, tarde o temprano. No contaba con que escaparas con nosotras, así que estará buscándote un tiempo... Sin embargo, como Avatares de la Guerra, sois más fuertes de lo normal, pero juntos somos lo somos aún más. Podemos luchar contra otros guerreros como nosotros... y gracias a ello aumentar nuestro poder, aunque conlleva riesgos...
- Da igual, creo que es necesario correr ese riesgo - comentó Aeneris -. Busquemos ese poder, y acabemos con mi tía... ¿Estáis conmigo?
- Sí, princesa - respondieron al unísono.

Así nació el Séquito de Aeneris... y así comenzó su aventura.



HORDAS BARBARIA :barbarian:
Oculto
Dyanna, la Renegada

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Dyanna era una joven de cabellos dorados y mirada inocente. Vivía en un pueblo al sur de Barbaria, muy humilde y tranquilo. Sus padres se dedicaban a la agricultura, mientras que sus dos hermanos le hacían rabiar para que les persiguiera por el campo. Aun así, se sentía querida, su familia lo era todo para ella. Sin embargo, todo eso cambió durante la que sería conocida como la "noche de la tierra negra".

Dyanna dormía plácidamente, cuando empezó a hacer un calor insoportable, que sumado a los gritos de la gente, la despertaron. Dyanna veía su casa iluminada en un naranja ardiente, por lo que salió por la ventana de su pequeño dormitorio por precaución. El caos reinaba en el lugar: caballos, sangre, gente en llamas... algo terrible para que lo presencie una niña de nueve años... Y entonces se volvió todo negro. Un aldeano que huía le había arrollado, empujándola contra un madero, contra el que se golpeó la cabeza.

A la mañana siguiente se encontraba en una cama de paja, tapada por unas pieles de lobo. Tenía la cabeza bendada, no sabía que había pasado... Un hombre llamado Seritón estaba a su lado. Cuando le preguntó que había pasado le contó lo sucedido: unos bandidos habían asaltado su aldea, acabando con todos. Ella tuvo la suerte de haberse golpeado. Cuando llegaron, los bandidos se habían ido, y la encontraron. Al principio pensaron que estaba muerta, pero al verla temblar, la recogieron para evitar que cogiera frío. Seritón dijo que él era el líder de su tribu, el Patriarca. Y le ofreció amablemente el quedarse.

Dyanna soñaba cada noche con el día, con las siluetas que vio aquella noche... su odio se incrementaba cada día, deseando volver a ver al que lanzó aquella incursión, pero su memoria sólo tenía vagos recuerdos tras el golpe. Su odio creció, pero el tiempo lo fue dejando en un segundo plano, hasta que un día desapareció. Durante los primeros meses en la estancia con la tribu de Seritón aprendió a sobrevivir: caza y recolección, escalada, nado... Todo lo necesario para vivir en una tribu. Era buena luchadora en combate, pero donde destacaba era en el combate a distancia y el uso de venenos. La lanza se convirtió en su mejor arma, acompañada siempre de dos hachas que ella misma había forjado. En pocos años superó a los mejores cazadores de la tribu, llegando a cazar las criaturas más peligrosas de una sola lanzada, ya fueran lobos, Smylodon o gigantescos Mamuts. Mientras la mayoría de los hombres de la tribu iban a comerciar, ella se dedicaba a cazar.

Finalmente, a los pocos años, llegó a ser la segunda al mando en la tribu, detrás de Seritón.

Diez años después de aquel suceso que cambió su vida, Seritón le ofreció la posibilidad de que Dyanna le ayudase en el comercio. Nunca había sentido mucha curiosidad por ello, le gustaba cazar, ser libre. Pero quizás ella sería quien sucediese a Seritón, y debía saber cómo hacerlo. Entonces aceptó. A la mañana siguiente, el patriarca le dijo que los demás hombres ya habían acampado en la zona, y que ellos dos irían a caballo a la avanzadilla, donde tendrían todo lo necesario para el comercio. Iba a ser la primera vez en diez años que Dyanna pisaría un pueblo desde su infancia. Pero al llegar, lo que vio no era lo que esperaba. Allí no había piezas de caza o pieles, sino treinta hombres y mujeres armados con arcos, lanzas, hachas y espadas. ¿No era un comercio? No, era la forma que tenían de decir "saqueo". ¿Por qué había sido tan estúpida? Durante diez años se había servido de los robos y asesinatos de su tribu. Durante diez años había ayudado y servido a una mentira, un engaño. Mientras la tribu se lanzó a saquear la aldea, Dyanna se quedó petrificada, viéndolo. Los niños, las madres y ancianos morían por igual. No había piedad, sólo sangre. Y entonces una imagen volvió a su mente. Un hombre gritando y dirigiendo. No olvidaba aquellos gestos, no había olvidado aquella noche... Aquel hombre, que la había cuidado, que la había criado, ahora estaba en la puerta del líder del pueblo, gritando, con la cabeza de dicho líder en la mano. Su odio entonces se liberó. El cielo se cubrió de nubes grises, tan grises que nublaron el sol. No llovía, pero los rayos caían alrededor del pueblo. Dyanna tenía los ojos abiertos de par en par. Los bárbaros que asaltaban la aldea se quedaron atónitos, pues su dios estaba haciendo acto de presencia. Los pueblerinos simplemente se escondieron. Dyanna levantó la lanza que tenía junto a ella, en el suelo, con el pie, y la impregnó con un veneno poco común, que hacía hervir la sangre. De ella salió una energía que no sabía que tenía. Una energía que lanzó aquella jabalina a quinientos metros de distancia, con una precisión que nadie había llegado a tener. No era consciente de lo que hacía, pues sólo era movida por el odio, por la venganza. La jabalina se dirigió recta hacia su objetivo, que vio como el virote se acercaba a él. Aunque quería, no podía moverse. Su grito se quedó mudo, helado. Y la jabalina le alcanzó en el pecho. Seritón iba con una armadura de acero, a diferencia del resto de sus hombres, sin embargo, la lanza la atravesó la misma como si fuera mantequilla, le partió el esternón, y finalmente tras atravesar su cuerpo y partirle la columna vertebral, quedó clavado contra la puerta de la casa. Su mirada de par en par, seguía en contacto con Dyanna. Y tras pronunciar su nombre, murió.

Los rayos cayeron alrededor de la chica, y la energía le rodeó por completo. Se sentía llena, liberada de ese odio y esa sed de venganza. Recordaba a sus padres, a sus hermanos. Recordó la felicidad de su infancia. Y por primera vez en diez años, la muchacha de cabellos dorados sonrió de verdad.

Los demás bárbaros huyeron despavoridos. Había sido excluida del que ahora era su hogar, para los bárbaros era una renegada, y todos la temían. Para las gentes del pueblo había sido una liberación, pero el poder que poseía era a la vez el miedo de ellos. Dyanna, era feliz, pero estaba sola.

Una semana tras el suceso se encontró con un hombre solitario, cuyo nombre había oído alguna vez: Doriak. Era la primera persona que no le rechazaba, ni le miraba con malos ojos. Tras conocer su historia, ambos tenían mucho en común: una vida de lucha y liberación. No tuvieron que preguntar a dónde se dirigían. Ambos continuaron su camino juntos, enfrentandose a aquellos que querían darles muerte, liberando a las gentes de la tortura de los saqueos. Sí, ambos eran bárbaros, ambos eran temidos y repudiados, pero no necesitaban más que ser libres, llevase donde les llevase el destino.


Doriak, el Aplastador

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Hacer un espectáculo para ganarte la vida puede ser algo bonito: alegras a la gente, y te alegras a ti mismo. Que te hagan ser el espectáculo es todo lo contrario. Eso es lo que le sucedía a Doriak. En su infancia, los niños de la tribu le hacían burla por ser más grande que los demás, y no tener una inteligencia tan amplia como el resto... Sin embargo, Doriak era muy feliz y pacífico, hasta que un día, todo llegó al extremo. Una noche, los niños de la tribu fueron amables con él, algo que le sorprendió. Doriak era muy inocente, y aceptó la invitación. Comieron todos juntos, muy alegres, sin embargo, los niños habían añadido a la comida de Doriak - el cual era muy tragón - setas del sueño, que se usaban para dormir a la gente con dolores durante unos días para su recuperación. Doriak cayó al cabo de una hora en un profundo sueño, y aunque él seguía disfrutando con sus supuestos amigos, realmente sucedía lo contrario. Entre varios muchachos le sacaron del poblado y le llevaron al pie de las montañas, donde los animales más feroces, como los Smylodon, habitaban. Mientras éstos dormían, los niños metieron a Doriak en una de las cuevas donde uno de estos animales dormían. A continuación se marcharon, entre risas.

Unas horas después Doriak despertó. Se asustó, pues no reconocía el lugar, y sus gritos y llamadas a sus padres despertaron a la bestia. Un Smylodon, tres veces más grande que él, despertó. Para el animal, Doriak era un mero aperitivo, el perfecto desayuno en la puerta de su casa... o más bien dentro de ella.
El rugido del animal alertó a Doriak, que cayó al instante. El animal se le acercó, situando a su presa contra la pared. No todos lo saben, pero un Bárbaro acorralado, incluso si es un niño, es tan peligroso como una bestia en la misma situación. El Smylodon atacó, con un mordisco, atravesando la pierna de Doriak con sus afilados colmillos. El niño gritó de dolor, y reaccionó dando un manotazo en la boca del animal, que le soltó al instante, pero al ver que se defendía, le dió un zarpazo en la cara. Su inocente cara de niño había quedado desfigurada, llena de sangre. El niño entró en rabio y se abalanzó contra el cuello del animal. Le mordió, arrancando parte del pellejo, y abrazando su cuello, apretó. El Smylodon rodaba para intentar quitarse a su víctima, pero poco a poco perdía el aire, quedó semi-inconsciente. Doriak estaba rabioso, no solo por el ataque del animal, sino por cómo le habían tratado, lo que le habían hecho. Agarró al animal aturdido por las patas traseras, y sorprendentemente lo levantó por encima de su cabeza, lanzándolo por el pequeño barranco. Doriak entonces bajó por la ladera, recogió a su presa, ya muerta, y la arrastró por las estepas durante varios días.

Mientras tanto, en el poblado, la gente buscaba a Doriak, pero los niños no decían nada, por miedo a ser castigados. El jefe de la tribu encontró a Doriak a pocos kilómetros de la zona, mientras estaba cazando, pero al ver el rostro de Doriak la sangre se le heló. Ya no era el niño que era antes... había cambiado, física y mentalmente. El jefe sabía que Doriak ahora no sería bien recibido. Cuando le contó lo que había sucedido, quedó atónito. No podía creer que su hijo hubiera hecho eso a Doriak, y la tribu no lo toleraría. Por miedo a perder el liderazgo, llevó a Doriak a un pueblo cercano, donde solían comerciar. Allí curó las heridas del niño y adquirió una máscara de cuero para el niño. Aquel día pasó un carromato de esclavos. El jefe dijo a Doriak que subiera, que ahí estaría bien. Doriak no pensaba, no había salido de ese estado. Le subieron al carromato, pagaron unas cuantas monedas al jefe, y marcharon.

A su regreso, el jefe vio la oportunidad de ser aplaudido. Con el cadáver del felino, el cual habían escondido antes de llegar al pueblo, se hizo heridas, para simular un combate. Arrastró con dificultad el cadáver - ¿cómo era posible que Doriak pudiera con él? - y llegó a la tribu. Allí dio la mala noticia de que Doriak había muerto a manos de un Smylodon, y que él lo había encontrado y vengado su muerte. La cabeza del tigre ahora decora la tienda de ese líder mentiroso. Dicho líder sabía lo que habían hecho los niños de la tribu, pero no dijo nada. Era el jefe, y cargaría con esa verdad hasta su muerte.

Durante su estancia como esclavo, Doriak fue entrenado para combatir. Desde que fue vendido, le metieron en las Arenas de la Región a combatir. Empezó a ser consciente de que su rostro daba asco y miedo a la gente. Forjó un casco para cubrir lo que le habían hecho, forjó sus armas, y su armadura. Su dios le había tocado, y con el tiempo se convirtió en uno de los mejores luchadores de las tierras de Barbaria. Con el tiempo se le conoció como "El Aplastador".

Años después, Doriak alcanzó la edad adulta, convirtiéndose en un gigante entre los hombres. Hasta entonces no había tenido rival en la Arena, lo que llamó la atención de una mujer, Dyanna, que el potencial de Doriak, y que no luchaba por sobrevivir... sino por otro motivo, parecido al suyo. Doriak se quitó su casco, y mostró el horror que le había marcado desde pequeño. Tras contar su historia, Dyanna le ofreció la posibilidad de continuar a su lado, con el fin de buscar su sino. Doriak asintió, y sin avisar, se marchó. Su "amo" no pidió explicaciones, se había enriquecido demasiado como para exigir más. El miedo a morir ante tal bestia quizás fue la mayor razón de esta decisión. Actualmente Dyanna y Doriak se dirigen hacia el que fue el hogar del inocente bárbaro. Aquel líder murió años atrás por enfermedad, sucediéndole su arrogante hijo. La tribu ha cambiado mucho, pero aquel Smylodon sigue colgado en la cabaña del jefe. Su actual líder siente un escalofrío por la espalda, pero no sabe por qué. Doriak está en camino, y probablemente ahora podrá calmar su sed de venganza...


Aarón, el Águila

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En Barbaria, ser tocado por la magia influye mucho en tu futuro... no todos son bien recibidos, y la mayoría son desterrados, por miedo en la mayoría de los casos. Sin embargo, hay ocasiones en que estos pueden regresar a su hogar, ya en edad adulta, por solicitud de un caudillo para proteger las tierras, o aconsejar en su guía a la tribu.

Aarón no supo de su poder mágico hasta los ocho años, edad a la que sus padres le abandonaron en el bosque, a merced de la naturaleza, pues en su tribu no aceptaban chamanes ni druidas. Al ser un niño débil físicamente, se consideró que no tardaría más de tres días en morir en aquel bosque, a menos de una bestia salvaje, o del hambre y la sed.

Sin embargo, sin saber como, la naturaleza le protegía. Aprendió a subsistir él sólo, a sobrevivir, pero respetando todo a su alrededor. A los pocos meses, una voz le empezó a orientar en los amplios caminos de la magia, aprendió a invocar espíritus de la naturaleza, como los famosos Vástagos de Kargosh, que le acompañaban allá donde iba, protegiéndole de los peligros que le acechaban.

Con el tiempo llegó a dominar la magia de la destrucción, restauración y conjuración. Gracias a ello se forjó la leyenda de que el bosque tenía vida y quien violara la paz del mismo, sería engullido por las raíces del mismo. Habían pasado doce años desde su abandono, y con suerte podría regresar a su tribu para cambiar esa absurda ley de destierro.

Un día, doce niños y niñas llegaron moribundos al bosque, abandonados por una tribu, al igual que él años atrás, sin embargo, no percibió en ninguno poderes mágicos. Uno de los niños explicó que el líder de su tribu había enloquecido, manipulado por su hijo, ordenando el destierro de todos los niños, ejecutando a toda familia que no cumpliera. De esta forma quería conseguir que la tribu siguiera una sola estirpe de guerreros.

Aaron no quería que aquellos niños perecieran, y sólo había una forma de darles energías y sobrevivir: sacrificando parte de su vida, pero desconocía cómo.

Ulgän entonces habló con él, y le ofreció la oportunidad de salvar a los niños, pero a cambio envejecería. Un sacrificio muy duro para él, que aceptó firmemente.

Aarón entregó parte de su esencia mágica y vital a los niños, salvando a los doce, y creando así a un grupo de aprendices semi-magos que ayudarían en su tarea de liberación.Sin embargo, como moneda, por cada niño salvado Aarón tuvo que pagar dos años de su vida, envejeciendo hasta la edad de los 48 años, una edad muy alta para un bárbaro.

Sin embargo, Ulgän valoró su sacrificio del chamán, y le concedió un regalo: la entrega de su poder divino, el poder de las Almas. Aarón se había convertido en un Avatar de la Guerra. Su misión ya no era cambiar esa ley de su tribu de origen, sino liberar de esas ataduras a toda la región de Barbaria, con la ayuda de sus aprendices.

Durante un año sus aprendices y él lucharon liberando a las doce tribus de la zona, incluida la suya propia, donde se quedaría junto con uno de sus aprendices, hasta que un día, un guerrero desconocido se presentó ante él, junto a un grupo de guerreros y guerreras. Ambos tenían intereses comunes, pero distintos métodos de conquista: fuerza contra mente. El líder de la banda, llamado Doriak, estaba muy interesado en tenerle como consejero, petición que rechazó.

Doriak no aceptó tal negación, y retó al hechicero. Dyanna miró con mala cara, pues no había motivo para dicha ofensa, pero antes de que dijera nada, Aarón aceptó el reto.

Imitando a un anciano, camino hacia el centro de la aldea, donde había marcado un círculo de treinta metros de diámetro. Aarón hizo torpemente una reverencia, la cual Doriak ignoró, corriendo hacia él. Sin embargo, al dar el salto de gracia, a tres metros del chamán, Doriak salió despedido por los aires, como si hubiera rebotado. Las miradas del público, de Dyanna y sus seguidores se quedaron atónitas. Doriak estaba aturdido, y repitió el ataque, obteniendo el mismo resultado. ¿Cómo era posible?

Aarón sonrió, y comenzó su movimiento. Se irguió he invocó a un Vastago de Kargosh. Una gran energía salió de él, y poco a poco tomo forma de un lobo de metro y medio de altura, semitransparente. El lobo corrió contra el bárbaro y de un ataque lo sacó del círculo. El combate había terminado. Doriak entró en furia, pero se contuvo tras mirar a Dyanna, aceptando así su derrota.

Aarón miró al cielo azul, y asintió. Miró a Doriak y a Dyanna, invitándoles a pasar, de nuevo, a su morada.
Durante una hora estuvieron conversando, a la espera de todas las gentes en la plaza. Finalmente, los dos guerreros salieron, y Aarón tomó la palabra. Tras efectuar una emotiva e inspiradora despedida, nombró a su aprendiz como nuevo caudillo de la tribu, e inició su camino junto a los forasteros. Ulgän le había indicado que ellos le necesitaban, y su destino era caminar y combatir a su lado.

Y así partieron.


Red Sonja
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Avatares de la Guerra

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CIRLEA :knight:
Oculto
Konan, el Bárbaro

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En su infancia, Konanperdió a su familia en el saqueo de su aldea. Aquellos que le secuestraron le mantuvieron cautivo, como un esclavo, trabajando de sol a sol sin apenas alimento, sin la compañía de nadie, excepto del silencio.
Tras años de esclavitud, fue llevado a los combates en los Pozos de villas y ciudades, donde sólo los combatientes más sádicos y locos luchaban. Allí demostró su habilidad innata para el combate, acabando con cada uno de sus rivales. No importaba la raza, el color de su piel o su tamaño: luchaba siempre por su vida, por su libertad, por ver la sangre de aquellos que le arrebataron todo.
Un día le ofrecieron luchar en una arena de verdad, ante luchadores con renombre, pudiendo ganar su libertad. Konan, cegado por su odio y su ansia de sangre, no vio la trampa de su amo. Treinta combatientes le rodearon en aquella arena. Generalmente, un gladiador podía enfrentarse a cinco o seis enemigos simultáneamente y salir victorioso. Treinta era, literalmente, una muerte segura. Allí fue cuando Konan descubrió su poder como Avatar de la Guerra, su destino. Sorprendentemente, fue acabando con cada uno de los luchadores, hasta acabar bañado en sangre y vísceras. El público estaba más que emocionado, más que eufórico, tanto que provocó el derrumbamiento de parte de la Arena. El poder de un guerrero había visto la luz, y sus amos, asesinos de su familia e infancia, huyeron del lugar, en busca de protección de aquel que se había proclamado rey de Barbaria.
Konan estaba envuelto por chispas, su humanidad había desaparecido, o al menos estaba oculta. Caminó mirando al horizonte, ignorando qué había pasado alrededor, cuanta gente hubiera herida o muerta. Posiblemente le habían tendido una trampa, pero una cosa era cierta: había ganado su libertad.

Dicen que durante un mes estuvo en ese estado, sin comer o dormir, caminando hacia su tierra. Allí se enfrentó a grupos de saqueadores y bandidos, limpiando la zona de escoria, buscando a aquellos que mataron a su familia...


Arathon Kane (Inspirado en Solomon Kane)


Arathon era el hijo pequeño de una familia noble, y a la par, el más querido por su madre. A los doce años, un caballo enloquecido acabó con la vida de su madre en un accidente, dejándole literalmente sólo. Sus hermanos, siempre envidiosos, vieron la oportunidad de aprovecharse, haciéndole rabiar y burlándose de él. Su padre le acusaba de todo lo malo que le sucedía, incluso de la muerte de su madre, trastornándole. Decía que su única salvación era el ser sacerdote. Arathon, sin embargo, no quería seguir ese camino, no era su vocación (N.d.C.: Si le metían a sacerdote, se librarían del pequeño: vida asegurada y riqueza para la familia en la época).

Un día, en el granero de la familia, sus hermanos empezaron a pegarle, argumentándose de la misma forma que había hecho su padre. Arathon no lo pudo soportar más, y corrió como pudo hacia la puerta, tropezando con un barril de vino, que empapó la paja y el grano. Al caer, se golpeó contra la pared, lo que hizo que un farolillo con una pequeña llama cayera al suelo, haciendo arder el alcohol de la bebida fermentada, y creando un muro de fuego entre sus hermanos y él.

Arathon, aún asustado, salió, y vio como ardía el recinto, escuchando las voces de auxilio de sus hermanos. El miedo se apoderó del pequeño, que huyó al bosque, corriedo sin detenerse. La noticia recorrió todos los rincones del Gran Continente: la familia Kane se había quedado sin primogénitos tras un misterioso incendio en el granero de la familia.

Semanas después, Arathon se alistó en el ejército como tamborilero. Por suerte para él, tanto su nombre como su apellido eran bastante comunes, por lo que nadie sospechó nada de su pasado.

Durante varios años Arathon sobrevivió a batallas marcando el ritmo de las tropas; con el tiempo, ascendió a soldado, aprendió a matar, a sobrevivir. Años después llegó a ser capitán, liderando a sus soldados sin temor, masacrando a sus enemigos. Su alma era oscura, sus pistolas liberaban a la muerte, su espada llenaba de terror a sus rivales. Nadie podía con él. Era conocido como Kane, el Desangrador de Vareloth.

Sin embargo, sus masacres implicaron algo más: el rechazo a su fe. El miedo había nublado desde pequeño sus sentidos, dando la espalda a todo lo que su madre le había enseñado. El temor había oscurecido su corazón, hasta que la mismísima Muerte se presentó ante él, exigiendo su alma. Dieciocho años le separaban de aquella tragedia familiar, y ya iba a morir…

Pero Arathon sabía que no podía acabar todo ahí, por lo que tras plantar cara a la muerte, huyó de ella hábilmente, mientras ésta le reclamaba su alma.

Durante un largo tiempo buscó la redención en soledad, intentando buscar la paz plena tal que su alma fuera purificada, sin embargo, los acontecimientos se ponen en su contra, pues un enemigo ha surgido del mismísimo infierno. La gente es esclavizada y muere, y no hay nadie capaz de enfrentarse a dicho enemigo, más conocido como “el Campeón de la Muerte”. Quizás su redención no está en la soledad, sino en la liberación del mundo a manos de dicho guerrero.

Arathon lo ha meditado profundamente, y ha decidido limpiar su nombre de “Desangrador de Vareloth”. Para purificar su alma debe ir más allá… Sólo uno puede detener a la Muerte, y sabe que sólo él puede llevar a cabo esa tarea.

Arathon ahora es el Redentor de Vareloth. Su espada desgarrará la oscuridad que abraza al mundo. Su yunta de pistolas gritará en su nombre.

Y en esta tarea descubrirá secretos que le rodean desde antaño, lazos que nadie sospecha, y la verdad que reside en su sino.


Maestre Custodio



Asesino Cirleano
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Sacerdote Guerrero Ezekiel



ORCOS, GOBLINS Y TRASGOS :goblin:
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LA ABERRANCIA :viking2:
Oculto
TODO



APOCALIPSIS :twisted:
Oculto
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ENANOS :viking:
Oculto
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Última edición por 1_Epsilon_1 el 25 Feb 2015, 01:17, editado 12 veces en total

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 Asunto: Re: [Trasfondo] Bandas de 1_Epsilon_1 - Elfos oscuros [8/9/1
NotaPublicado: 08 Sep 2014, 10:03 
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Gran idea!! en cuanto tenga un rato libre le echare un vistazo :thumleft:

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 Asunto: Re: [Trasfondo] Bandas de 1_Epsilon_1 - Elfos oscuros [8/9/1
NotaPublicado: 08 Sep 2014, 15:10 
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me encantan tus bandas... :welc: :welc:
con calma leere el trasfondo :coffee2:

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Orgulloso miembro del Triunvirato de la Sangre.


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 Asunto: Re: [Trasfondo] Bandas de 1_Epsilon_1 - Elfos oscuros [8/9/1
NotaPublicado: 09 Sep 2014, 09:45 
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Kurin escribió:
Gran idea!! en cuanto tenga un rato libre le echare un vistazo :thumleft:


Cuidado que es algo extenso jeje

galahtyr escribió:
me encantan tus bandas... :welc: :welc:
con calma leere el trasfondo :coffee2:


A disfrutar entonces


He actualizado con el trasfondo de Conan y Dyanna, dos de mis Bárbaros :bounce: :barbarian:

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 Asunto: Re: [Trasfondo] Bandas de 1_Epsilon_1 - Doriak [10/9/14]
NotaPublicado: 10 Sep 2014, 09:39 
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Actualizado el trasfondo con el origen y actualidad de Doriak "El Aplastador".

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 Asunto: Re: [Trasfondo] Bandas de 1_Epsilon_1 - Aarón [29/9/14]
NotaPublicado: 29 Sep 2014, 10:50 
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Actualizo el trasfondo con Aarón, el Águila :)

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 Asunto: Re: [Trasfondo] Bandas de 1_Epsilon_1 - Aarón [29/9/14]
NotaPublicado: 08 Feb 2015, 17:50 
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ACTUALIZACIÓN de trasfondo:
Adaptado Doriak (Barbaria)
Movido Konan (Cirlea)
Añadido Arathon Kane (Cirlea)
Añadido Izel (Mutilador Saurio - Elfos Oscuros)
Añadido Aradel, concubina de Némesis (Elfos Oscuros)

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